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Un artista con luz propia

martes, 16 de febrero de 2010

Paseando hacia ningún lugar por una de las calles de la capital del reino vi a un chico con gorro y perilla. A esas horas de la noche sólo se oía su música… el frío dejaba a los transeúntes en casa. Ese chico que tocaba una acústica y que cantaba como los ángeles sólo buscaba unas cuantas monedas para seguir pagando el hostal donde vivía. Me llamó poderosamente la atención la calidad de su sonido y el hecho de que en una helada noche de enero estuviera allí, tocando para mí, la única que pasaba por aquel lugar. Dejé a un lado las prisas que todo habitante de Madrid tiene a cualquier hora del día y me puse a hablar con él.

David Starlight es algo más que un
músico de la calle, es un artista, un norteamericano de San Francisco que ha decidido cruzar el charco para dedicarse a la música y sentir la experiencia de vivir fuera de su país.
Su padre es del propio SF, pero su madre es mexicana; de este mestizaje cultural quizás sea de donde proceda ese estilo folk que le caracteriz
a. Reconoce que fueron sus padres los que le contagiaron el amor por la música, pues desde que era muy pequeño ha vivido rodeado de discos, escuchando música a todas horas.

Toca solo, con su guitarra y su armónica, y lo hace en el
mismo lugar en que compone sus canciones y las interpreta para todo aquel que tenga un minuto para dejarse contagiar por el encanto de su música: en la calle, en el metro, cerca de algún monumento o en un parque. SI das un paseo por Madrid, y tienes suerte, seguramente podrás escucharlo.

Aunque es su tercer año con nosotros, -y ha mejorado mucho su español-, sigue componiendo en inglés. Acaba de grabar un nuevo disco en directo (¡en sólo un día!) en el estudio de un amigo. El LP se llama 'La Medúsa' y en su MySpace
(www.myspace/starlightmusic) él mismo te dice cómo conseguirlo. También tiene otro disco anterior 'La chica fantasma' y es que -como dice el propio Starlight- a él no le visita la musa, sino fantasmas de mujeres.
En su música no sólo se refleja lo que ha escuchado también lo que ha leído y lo que ha visto. Dostoievsky, Flannery O’Connor y Kerouac en literatura, Shiele y Klimt en pintura. Es un gran cinéfilo: Wim Wenders y Jim Jarmusch son sus favoritos.

Ahora, además de por las calles, se le puede disfrutar en concierto en algunas salas, bares y cafés de Madrid, todo un lujo por muy poco dinero y como dice él: “en una sala íntima donde hay otros cuerpos y puertas cerradas y quizás un toque de calefacción (natural y SUPERnatural) para mantenerles calentitos y cómodos (al contrario de lo que puede ser la experiencia en la calle estos días… ) Un local de gran encanto donde se puede conseguir una infusión maravillosa además de la normal caña, un vino, un café, ¿quizás una empanada?…”

Un músico curtido en las calles de Madrid, con un talento que muchos artistas conocidos quisieran para ellos y con un sentido del humor increíble; incluso cuando está helado de frío, en la calle, con apenas unas monedas en la funda de la guitarra, Starlight siempre tiene ganas de hacer sonreír… y, ¿por qué no? Se siente querido por la gente de Madrid, porque los españoles tenemos “corazones de fuego” y le llena siempre que toca para nosotros en cualquier lugar, por inhóspito que sea, porque la respuesta de la audiencia es siempre genial.

No sabe cuánto tiempo más vivirá en Madrid, a dónde irá luego, ni si seguirá intentado vivir de la música. Por ahora sólo quiere 15 euros que le permitan dormir una noche más sin pasar frío. Starlight es un poeta, un artista que nos regala su arte a cambio de muy poco y que ojalá dé mucho que hablar en el futuro... sobre su vida se podría escribir una novela. Por si alguien le escucha y cree que se ha enamorado, le recomiendo que hable con él... entonces lo sabrá sin ningún tipo de dudas.


Próxima estación: desamparo

jueves, 22 de octubre de 2009



El metro de Madrid, siempre controvertido, siempre polémico. Según algunos se trata del mejor transporte bajo tierra del mundo, por delante del norteamericano, el francés o el británico; y aunque esto parezca el principio de un chiste, no lo es.

Es un metro caro y mal acondicionado, cuyas líneas más transitadas (la línea 1 y la línea circular- o línea 6) son tan antiguas como el propio transporte, y es que en este Madrid de Gallardón existen excelentes estaciones, máquinas, vagones y televisiones de plasma en las paradas, eso sí, las que responden a estas características no son las que utilizan millones de personas, sino las que son utilizadas por un minoría de pasajeros.

Así que nos encontramos ante una disyuntiva de difícil solución: para evitar los odiosos atascos, el indeseable efecto invernadero y el horrible proceso de búsqueda de aparcamiento se nos aconseja que tomemos el transporte público. Este transporte que cogemos está la mayoría de las veces abarrotado y las otras ocasiones está averiado. En esas ocasiones en que todo sale bien se siento uno completo, más ligero, más calmado y es que no siempre es fácil tener paciencia.

El problema lo tenemos con las tarifas y el método de cobro y las combinaciones de transportes. Ya podrían aprender de Barcelona en este sentido. Para la Comunidad de Madrid una persona deja de ser joven el verano anterior a cumplir los 21 años... cosa rara cuando en todas partes podemos leer o hablar sobre algún joven de 30 años... pero no es eso lo peor - aunque ya sólo sea bastante lamentable- la cuestión es que no se favorece el uso combinado de los transportes y además de ser caro nos encontramos con que utilizando metro y bus en un mismo trayecto que cubre la misma zona, hemos de pagar dos viajes en lugar de cobrar por tiempos como en el caso de Barcelona.
Según este sistema catalán, se cobra por uso del transporte público en un determinado período de tiempo, es decir, que aunque no tengas un abono, puedes emplear varios transportes en tu trayecto, combinándolos para llegar a tu destino, y sólo te cobrarán el primer transporte que tomes en tu largo y aburrido trayecto.

Madrid es obras, Madrid es atacascado, Madrid es gente con siempre prisas, Madrid es sucio y ruidoso... al que le guste Madrid lo disfrutará; el que tenga que vivir en Madrid lo sufrirá... el que venga a Madrid lo comprobará.

Y no se olvide: más de mil cámaras velan por su seguridad (pero sólo velan por ella, porque no evitan que la pongan en peligro)