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¿Hablan mi idioma en Qué?

martes, 20 de abril de 2010

¿Somos así porque nos gustan ciertas películas, o nos gustan ciertas películas porque somos así? Ésa es una de las grandes preguntas que muchos cinéfilos (por no emplear el más que manido ‘frikis’) se hacen cuando termina de ver filmes del estilo de ‘El gran Lebowski’ o ‘Pulp fiction’, porque veréis, jóvenes, en esto del cine parece que todo está inventado… ¿todo? No, un grupo de irreductibles cineastas se ha propuesto desde hace años inyectar aire fresco a este arte y lanzar, a través de su trabajo, su manifiesto de genialidad. Españoles, el cine no ha muerto.
por Maite Iniesta


-No existen las
preguntas estúpidas, Peligro. -¿Cómo pueden meter todo este hielo por un agujero tan pequeño?
Morgan Freeman y Jay Baruchel en Million Dollar Baby

Hay quien dice, no obstante, que la originalidad no existe, como también se dijo del hombre perfecto… Bien, pues, me gustaría decir algo al respecto: no estoy de acuerdo con ninguna de las dos afirmaciones.

La genialidad no ha desaparecido; existe y tiene nombres propios, nacionales y foráneos, de jóvenes y de viejos, de los que hacen una película al año y de los que tardan 5 años en volver a trabajar, de hombres y de mujeres, entre otros: Almodóvar, Park Chan- wook, Tarantino, Winterbottom, Coen, Coixet, Niccol, Anderson… por decir unos pocos y genuinos.

Tiene gracia. Trabajas duro para poder irte de un sitio y cuando finalmente puedes hacerlo encuentras una razón para quedarte.
Ethan Hawke en Gattaca

Si buscamos un ejemplo de esta paradoja en el cine, el más reciente lo encontramos en la última cinta de Gondry. El director de ‘Olvídate de mí’ en 2008 estrenaba ‘Rebobine, por favor’ en la que nos hace llorar de la risa ridiculizando a la propia industria del cine. Es una película que, ‘plagiando’ fragmentos de otras películas, denuncia la falta de originalidad del cine y aún así, no deja de ser original… oigan, un genio.




-Teniente Dan, ¿qué está haciendo aquí?
-Me he decidido a dar el paso…
-Pero si no tiene piernas,
Teniente Dan
Tom Hanks y Gary Sinise en Forrest Gump

Unos dirán que se han acabado las ideas, no pocos podrán afirmar que el cine murió con Hitchcock, Wilder o Welles; habrá también a quiénes sólo les guste ver las películas del Oeste de Canal Nou a las cuatro de la tarde, y todas las opiniones serán válidas: son opiniones. Lo único que hay de objetivo en todo esto es que hay películas para todos los gustos y algunas nos marcan para siempre, porque tienen ese poder, el poder de maravillarnos o de repugnarnos, de enamorarnos o de hacernos enrojecer de rabia.

Hay frases, imágenes o músicas que están unidas irremediablemente a una película, a un personaje, a un guionista, a cualquiera que las haya escuchado y a todos aquellos que son capaces de recordarlas.

Un excremento, eso me parece el doctor Evans Pritchard. No se trata de tuberías, hablamos de poesía. ¿Cómo se puede describir a la poesía como el concurso de Miss América? Sí, me gusta Byron le doy 42 puntos, pero le fallan las piernas…

Robin Williams en El Club de los Poetas Muertos

Ese bagaje cultural es lo que nos define como individuos de una época en la que el arte, en sus diversas manifestaciones, se concentra en la pantalla de cine, en el olor de las palomitas (¡malditos hijos del capitalismo!); en 35 mm de celuloide, en 24 fotogramas por segundo…

En la música de El último mohicano, en la cabeza de un caballo en El Padrino o en cualquiera de los diálogos de Martín (Hache); en la fuerza de Gattaca o en la ternura de Amèlie. En la vuelta de tuerca de Doce monos o en el mundo imaginario de Big Fish. Porque sólo a través del cine podemos ser generales y gladiadores, protagonistas de un reality sin saberlo o policías antidroga más corruptos que los propios delincuentes. Sólo en el cine puede haber una lluvia de sapos a modo de plaga bíblica (pero posmoderna claro)


Le llamabámos Madre Superiora por el tiempo que llevaba con el hábito.

Ewan McGregor en Trainspotting

En cualquier caso, yo seguiré pensando que el campeón gitano de la lucha sin guantes era un crack de dimensiones incomparables y que es, digamos, remotamente posible que el elegido para salvar al mundo tenga un enchufe en el pescuezo, porque como dice el Principito: “Nunca se sabe”.

-¿Vas al psicoanalista?
-Sí, desde hace sólo 15 años. Le daré un año más y después me iré a Lourdes.

Woody Allen y Diane Keaton en Annie Hall

En definitiva, el cine es un compendio de artes, un magnífico medio para expresarse y para llegar al público y una maravillosa herramienta para acabar con esa inmaterialidad, esa incertidumbre de la finitud que nos atormenta, de un modo u otro, a todos los seres humanos.

Por tanto, es probable que seamos lo que la biología o la química dice, pero lo que sí es seguro es que somos lo que queremos ser y nuestra identidad nos la da nuestra gente, nuestra educación, nuestra cultura y el cine y, además, a algunos, éste les proporciona, como a Jeff Daniels en La rosa Púrpura del Cairo, el hálito de vida y les hace inmortales.

Hace tiempo Dick, Barry y yo decidimos que lo que realmente importa es lo que te gusta, no lo que pareces ni lo que eres. Libros, discos, películas… eso es lo que realmente importa. Llamadme superficial… es la jodida verdad.
John Cusack en Alta Fidelidad

Más sabe el diablo por viejo que por diablo

domingo, 28 de febrero de 2010

An Education se estrenó en España el pasado viernes y aquellos que aguardábamos con cierta expectación el primer trabajo como guionista de Nick Hornby (Alta Fidelidad) no nos hemos sentido defraudados. La directora, Lone Scherfig, ha realizado un trabajo espectacular, redondeado por unos actores en estado de gracia.

Un guión excelente, basado en un relato biográfico de una periodista británica que el también periodista y escritor Hornby decidió convertir en un guión de cine. Y lo hace añadiéndole su toque personal aunque siempre guardando la forma originaria, creando una película completamente nueva, sin préstamos. Un filme de época, en el que puedes percibir el olor de la madera de los pupitres, la brisa que llega desde el Sena y un lugar donde escuchar una voz femenina francesa desde el tocadiscos se antoja como un placer prohibido.

Con este material ha sabido trabajar la directora danesa Lone Scherfig sobre la que finalmente recayó la responsabilidad de dar vida a esta historia. Tras la renuncia de la directora Beeban Kidron, Scherfig, que había trabajado en películas de corte experimental como Italiano para principiantes (un interesante ejemplo de cine dogma) se mete en la Inglaterra que está a punto de ver nacer el movimiento Beatle, un ambiente profundamente conservador, parecido al que retratara Peter Weir en El Club de los Poetas Muertos allá por 1989 pero desde otro prisma.

Una alumna sobresaliente, amante de la música, del arte y de prácticamente todo cuanto llega de Francia, contempla - desde su jaula de cristal - la vida que ansía y que su padre prohíbe hasta que un día un hombre mayor se la ofrece y ella la acepta. Renuncia de este modo al camino más duro y árido, el estudio, un trayecto que se le antoja largo y desprovisto de emoción, de belleza, de diversión.


En el transcurso de la película podemos darnos cuenta de la evolución que se produce en todos los personajes desde Alfred Molina, pasando por el encantador Peter Saasgard y terminando con la revelación del año(quizás junto a Anna Kendrick, Up in the air) , Carey Mulligan. Esta joven actriz de aspecto infantil ha saltado encima de su destino y se ha convertido en toda una sensación gracias a su papel en esta cinta. Su interpretación está llena de matices, es un trabajo comprometido y auténtico. Está inmensa en su papel de Jenny y, no obstante, ello le ha valido una nominación más que merecida al Oscar compitiendo con actrices de la talla de Helen Mirren y, la siempre colosal, Meryl Streep.

Es una película muy cuidada. Un guión al que le han dado vida con esmero y mucha clase, con una ambientación exquisita, un reparto comprometido, serio y con talento y con destellos de calidad en cada escena.
Nada en exceso, como diría la aquella frase en el templo de Apolo. Si esa es la fórmula de la belleza, en esta película todos los que han participado en ella han encontrado las medidas áureas para realizar un trabajo excelente y duradero, elegante y bien rematado, cargado de detalles y con toques de verdadero cine. Una rara joya, como ya la han etiquetado algunos, que sin necesidad de pirotecnias tecnológicas ha sabido llegar al público, a la crítica y a cualquiera que haya tenido que tomar alguna decisión complicada tratando de ir tras el loco sueño de una vida feliz.