Luchemos por la libertad, no por la esclavitud

miércoles, 2 de junio de 2010


Porque a veces en la Historia es necesario que alguien diga 'BASTA', porque desde una herramienta tan poderosa como el cine en nuestra sociedad de hoy se debería decir 'NUNCA MÁS', porque hay situaciones en las que la flagrante injusticia e iniquidad ignorada por la sociedad internacional y sus pusilánimes mandatarios hacen que la gente alce la voz y diga 'FUERA DE AQUÍ', porque en momentos como el que vivimos actualmente se pone de manifiesto la incompetencia y falta de liderazgo de aquellos a los que se les ha encomendado la misión de defender nuestros intereses, no sólo de tipo político nacional, sino a nivel de colectividad humana, de verdadera 'comunidad internacional'.

Porque, los que confiamos en él, esperamos que Obama no ceda ante las insidiosas y nefastas presiones de los grupos de presión israelíes y tome la iniciativa en la condena de los actos unilaterales que ponen en peligro la paz mundial, la estabilidad internacional y la vida de seres humanos inocentes. Porque no debe nada a esos indeseables pero sí a los ciudadanos que le llevaron al poder no sólo con sus votos, sino con la financiación de su campaña, y nos lo debe a todos los que, en este planeta azul, creemos en su capacidad de cambiar las cosas, en su figura como líder y en su calidad como hombre.
Porque hubo un tiempo en que la sociedad internacional jugaba a mirar para otro lado cuando los fascistas dominaban Italia, cuando España sufrió un ataque ilegítimo de su propio ejército y se desató una abominable Guerra Civil y cuando los nazis se convertían en dueños de Europa central. Porque en aquel momento un cineasta, la estrella más grande del firmamento cinematográfico, decidió denunciar esa situación al mundo de la mejor forma que sabía: a través de su cine.
Era 1940 y Charles Chaplin estrenó El Gran Dic
tador para decir a Hitler, a Mussolini y a toda su Corte lo que pensaba de ellos. Su posicionamiento le ponía en peligro, pero no renunció a denunciar la injusticia, no renunció a su libertad.

Hoy vivimos una situación similar, no de Guerra Mundial, pero sí de quiebra de valores, de falta de valentía y de ausencia total de iniciativa en la sociedad internacional. Porque alguien debe decir a Israel que su conducta no quedará impune; que al igual que los nazis pagaron por sus atrocidades, Israel deberá asumir la responsabilidad de 62 años de abusos sobre el pueblo palestino, de violaciones sistemáticas de los derechos humanos, de guerras y enfrentamientos con países vecinos, de asesinar a personas inocentes.

Porque no se puede consentir un Estado apartheid en el siglo XXI, porque debe destruir sus armas nucleares, porque tiene que restablecer todo el daño que ha causado a los palestinos, arrancados no sólo de sus tierras, de sus casas y de sus lugares sagrados, sino despojados de cualquier esperanza de paz que les empuja a ser más radicales, más violentos, menos racionales. Porque si no tuviéramos agua, ni luz, ni pudiéramos ir a ver a nuestros amigos porque están más allá del punto de control de los judíos, si fuésemos testigos de esa barbarie... ¿nos quedaríamos a hablar con unas personas que no están dispuestas a ceder?

Porque la comunidad internacional no puede ser por más tiempo una espectadora de lujo de las tropelías israelitas al mundo, a la vida, al respeto, a la paz, al entendimiento, al derecho internacional.
Porque es hora de que Israel pague por sus actos.


*Aquí os dejo el fragmento de la película en V.O.S y más abajo todo el texto transcrito del discurso final de esa gran película que antes mencionaba, El Gran Dictador, un filme que no os debéis perder.


El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos perdido el camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odio, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.

El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a las personas ¡nocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: "No desesperéis".

La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás.

¡Soldados! ¡No os entreguéis a esos bestias, que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; decidles lo que hay que hacer, lo que hay que pensar y lo que hay que sentir! Que os obligan ha hacer la instrucción, que os tienen a media ración, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón. ¡No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia y corazones de máquina! iVosotros no sois máquinas! ¡Sois hombres! ¡Con el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No odiéis! ¡Sólo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados!

¡Soldados! ¡No luchéis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad!

En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre, ¡no de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres! ¡En vosotros! Vosotros, el pueblos tenéis el poder, el poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad Vosotros, el pueblo, tenéis e! poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad.

Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. ¡Pero mienten! No han cumplido esa promesa. ¡No la cumplirán! Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros. ¡Soldados, en nombre de la democracia, unámonos!

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